El efecto lavadora

El efecto lavadora

Mi nombre es Jota, creador de la web surfbook.es y esta es mi historia.

Ser un chico de Madrid y decir a tus amigos que eres surfista es algo que a muchos les choca y hasta se ríen. Además empezar a los 24 años no ayuda mucho a ser un pro de este deporte tan maravilloso como exigente. Pero una vez que coges tu primera ola de lado a lado, los pocos segundos que dura el viaje  cambian tu vida para siempre. El veneno ya recorre tu cuerpo. Ya no podrás pensar en otra cosa. Ya no verás el mar de la misma manera. Ya no serás el mismo.

Me sentía tan culpable por haber descubierto el surf tan tarde que pensé en recuperar a pasos acelerados el tiempo perdido. Dejé mi trabajo y todas las comodidades de mi casa y me fui a Australia un 20 de agosto de 1998 ligero de equipaje. Nada más llegar a Sidney maldije al tipo de la embajada que me dijo que los inviernos en Australia eran muy suaves y que no iba a necesitar ropa de invierno. Perdone usted, pero 6º es un frío del carajo. Nunca olvidaré el chorro helado que sentí nada más salir del aeropuerto. Las cosas no empezaban  como las había soñado.

Los primero días fueron terribles. Sin casa, sin trabajo y con un frío del demonio empecé a darme cuenta que igual no hubiera sido una mala idea haber planificado un poco el viaje antes de coger el petate. Pero yo no soy de planificar mucho y sí de seguir mi instinto. Además soy un chico con suerte y un angel de la guarda que es mi abuela que siempre cuida de mi allá donde esté. Así fue como poco a poco gracias a todo ello y a mi optimismo que es el viento que siempre me lleva a buen puerto, las piezas fueron encajando y las lágrimas de angustia del principio no fueron nada comparadas con  las del día que tuve que volver a España. En Australia pasé sin duda el mejor año de mi vida y me marcó profundamente.

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Trabajar y surfear. Ese era mi día a día. En una fábrica de lunes a viernes y de camarero los fines de semana. Ningún día libre, sin coche, ni playstation pero nunca he sido más feliz. Recuerdo el reguero de ropa que dejaba por el pasillo todos los días después de venir de la fábrica para ponerme el traje a toda pastilla y poder darme un baño antes de que se pusiera el sol. A veces era de 1 hora, a veces 45 minutos y otras a penas me daba tiempo a coger 1 ola pero siempre merecía la pena. Siempre había un baño. Salvo aquellos días en que la playa estaba desierta como la Gran Via en abre los ojos porque las redes que nos protegían de los tiburones se habían roto y mejor no tentar a la suerte. Me hacía gracia que día tras día el último en salir del agua de la concurrida playa de Bondi en Sidney fuera un madrileño de a pie que un día conoció el surf y ya nada fue igual en su vida.

Desde entonces siempre he sabido que acabaría viviendo cerca del mar y que solo era cuestión de tiempo que encontrara el lugar y el momento. Y aunque pasaron muchos años y parecía que más que acercarme a la playa me alejaba de ella, mi momento llegó en forma de regalo de mi hermana que encontró un trabajo para mi en Lanzarote de los que no se pueden rechazar y no rechacé. El destino estaba escrito.

Aquí he encontrado las olas y la paz que buscaba y un modo de vida tranquilo para mi y mi familia. Además un trabajo del que aprendí mucho como gerente de una escuela de surf que me permitió escuchar y entender a las escuelas y a los alumnos. De esa observación nació la idea de crear surfbook.es, una página en donde las escuelas ponen en valor su principal activo que son sus profesores y los alumnos pueden encontrar a su instructor ideal para que el matrimonio sea para toda la vida.

El surf lo es todo para mi. Me cambio la vida y si lo pruebas seguro que también te cambiará la tuya por lo que yo llamo el “efecto lavadora“. Hacer surf tiene el mismo efecto en nosotros que la lavadora con tu ropa sucia. La limpia, la deja como nueva, le quita cualquier resto de contaminación y le da una nueva vida. Ese es el efecto que el surf tiene sobre mi. Antes de meterme en el agua tengo la cabeza llena de problemas, miedos, dudas, inseguridades… pero cuando salgo del agua, después de haber cogido 3 ó 4 bombas y también algún que otro buen revolcón (centrifugado a 1400 rpm) ya no me acuerdo de nada, me siento limpio, libre, sin miedo, capaz de todo, mejor. Ojalá tu también experimentes lo mismo y recuerda que no puedes detener las olas pero si puedes aprender a surfearlas.

julio 27, 2016 / by / in

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